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Productividad: la suma de dos factores

Productividad: la suma de dos factores

La verdadera productividad, o la productividad completa, es la suma de dos factores, de dos valores. La consecución de un valor externo, material, económico; más el logro de un valor interno: la plenitud, la satisfacción de quien o quienes producen el valor externo.

Si producimos solo uno de estos dos valores, podemos decir que somos parcialmente productivos.

Si solo obtenemos el resultado material, y este no se une con la satisfacción interior, con un cierto estado de plenitud; habremos producido solo una parte. Y probablemente regresaremos a casa cansados, apáticos, tibios. Para que al día siguiente, se produzca nuevamente la misma dinámica de monotonía existencial. El resultado material hace la diferencia solo en parte.

De la misma manera, si conseguimos sentirnos muy bien, tener un óptimo nivel relacional en el equipo y disfrutar de lo que hacemos, pero sin conseguir el resultado material, es evidente que nuestra empresa o proyecto tendrá los días contados (También debemos decir, que si logramos esto, es más que probable, que el resultado externo se alcance, aunque no es seguro).

La realidad de nuestra sociedad actual, nos muestra claramente que hemos aprendido bastante bien a producir el primer valor: ganar dinero. Esto se sabe hacer bastante bien, las empresas saben hacerlo bastante bien. Y es un gran valor saber hacerlo.

Y también hemos de decir, que para obtener el segundo valor, queda camino por recorrer. En algunos lugares, ni siquiera aún lo reconocen. En otros comienzan a hacerlo. En pocos están ya trabajando en esta dirección.

Inevitablemente el mundo camina hacia una “productividad completa”. Así podremos completar el circuito “win – win” para regresar a casa con ganas, entusiasmados, con energía y una actitud positiva. Y esto sí hace “la diferencia”.

De esta manera seremos también buenos educadores de quienes vengan detrás, dejándoles señales de la importancia de la construcción de la felicidad personal como base para la creación de una sociedad más sana, pacífica, amable y sostenible.

Los talentos del orador

Los talentos del orador

 

Debemos comenzar proponiendo la idea de que un Orador, o sea una persona que expone ante un público (público es también un solo oyente), presenta, durante su “speech”, características similares a las de un actor:

-Está en escena (es el foco de atención)

-Tiene un guion, un texto, unas ideas que transmitir

-Tiene un público que lo observa y al cual dirigirse

-Y, sobre todo, tiene que lograr “Comunicar”

Hecha esta propuesta, podríamos decir que los mayores talentos que podría manifestar un orador, tal vez muy similares a los de un actor, serían los siguientes:

Relajación – Atención – Escucha – Sensibilidad – Disfrute – Relación con su audiencia.

Lo maravilloso de estos talentos, es que no pueden ser fingidos, no se pueden “actuar”; para conseguirlos, hay que ir adquiriéndolos poco a poco, gradualmente, a través de un proceso personal de trabajo, con empeño y entrenamiento. A medida que se van adquiriendo estas capacidades, ellas irán definiendo siempre más a quien las manifiesta, y esa persona irá conquistando paulatinamente su propio estilo personal. Lo que conocemos como “Ser Uno Mism@”.

Esta manifestación única de lo que tú eres, este “Ser Tú Mism@” es lo que realmente hará de ti un ser con capacidad de comunicar; o sea, con capacidad de conectar con los corazones de quienes te escuchan, de quienes te rodean.

Recuerda que, en la comunicación relacional, solo el 8 % del resultado final tiene que ver con el contenido que transmites (el tema de tu exposición, las palabras) el otro 92 % (casi nada!) tiene que ver con las emociones y sensaciones que emanas (Cuan feliz, atento, seguro logras ser en la relación).

“La diferencia” no la hace dominar el tema del que hablas, que obviamente es necesario dominar, sino ser lo que tú eres, y no una imitación de otro, tener tu propia posición, independientemente de que guste o deje de gustar a quienes te rodean.

 

Las seis claves con las que ayudarás a tus hijos a hablar en público

Las seis claves con las que ayudarás a tus hijos a hablar en público

(Publicado por ABC, Mayo de 2016)

No todos los centros escolares incluyen la «oratoria» entre sus asignaturas. Sin embargo, cada vez cobra mayor importancia no solo entre los alumnos —que se ven, sin saber muy bien cómo hablar en público, en la tesitura de exponer un trabajo ante sus compañeros—, sino también entre los profesionales de cualquier ámbito cada vez que presentan un negocio o proyecto en su propia empresa o ante clientes.
Lo que está claro es que saber comunicar una idea correctamente es una de las claves del éxito profesional y personal. Según Mónica Pérez de las Heras, directora de la Escuela Europea de Oratoria (EEO), los padres también pueden contribuir a fomentar que sus hijos potencien su capacidad para saber hablar en público, ser más convincentes y evitar esos nervios tan característicos que pueden tirar por tierra el más sencillo de los mensajes. Sus recomendaciones son los siguientes:
1.-Apóyalos para

hablar en público

.
Los niños aprenden y repiten muchas conductas de los padres. Si les enseñas que hablar en público es fácil y divertido, perderán el miedo a hacerlo. Muchos bloqueos e inseguridades nacen desde que somos pequeños y crecemos con algunas creencias que más tarde son difíciles de cambiar. Anímalos en este camino. Háblales en positivo sobre lo que significa ser un buen orador y recuérdales que todos podemos hacerlo.
2. Recuérdales que el secreto es ser uno mismo.
Los niños cumplen perfectamente las tres claves imprescindibles de la oratoria: naturalidad, humildad y corazón. Enséñales simplemente a ser ellos mismos. Cada vez que tengan que exponer en el colegio o hablar frente a sus compañeros, recuérdales que el mejor secreto es no tratar de imitar a nadie y que deben ser los mismos que están en la casa, jugando o divirtiéndose en la escuela. Fortalece sus cualidades. Recuérdales lo mucho que valen y que nunca se esfuercen en ser algo diferente a lo que son.
3. Ayúdalos a emplear la postura de «neutralidad».
Es una posición en la que el niño está de pie, con su peso equilibrado en ambas caderas y los brazos colgando. Sus brazos y sus manos se mueven en cuanto comienza a hablar. Enséñales que al hablar en público no pueden tocarse el pelo, la cara, poner «brazos en jarra» o cruzar brazos o piernas porque eso no da sensación de seguridad.
4. Anímales a contar historias.
La oratoria se nutre de grandes historias y anécdotas para enganchar al público. Es importante motivarles a inventar sus propias historias y a contarlas después. Celebra sus cuentos y recuérdales el valor que tienen sus vivencias cada vez que tengan que hablar frente a sus compañeros.
5.- Enséñales algunos trucos de la oratoria.
Anímalos a realizar «un buen principio» y «un buen final» en cualquier presentación que hagan. Se trata de un gran secreto que tienen los grandes oradores y que los niños pueden repetir en sus presentaciones. Puede ser una pregunta al público, entrar bailando o cantando, decir una frase con rotundidad o cualquier otra cosa que se les ocurra.
6. Ayúdalos a emplear su voz.
Para contar bien algo es necesario emplear «adecuadamente la voz», sin acelerarse o hablar demasiado despacio. Pídeles que ensayen frente a ti y recuérdales este punto. Y que sepan poner voz a cualquier personaje de su historia.
Y, por supuesto, después de tener en cuenta todos los pasos anteriores, recuérdales que la mejor clave para la oratoria es: practicar, practicar, practicar. Es decir, que cada vez lo harán mejor.