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Educarnos para educar, la única innovación posible.

Educarnos para educar, la única innovación posible.

Si comprendemos la Innovación como capacidad creativa, como capacidad de dar nuevas respuestas a las demandas actuales, de responder de forma útil y adecuada a las necesidades “centrales” que presenta nuestra sociedad contemporánea; comprenderemos claramente que la educación juega un rol único y determinante.

Rápidamente se nos presenta el primer desafío innovador: comprender la educación como un proceso que no se dirige solo hacia los demás sino sobre todo hacia uno mismo, hacia una auto-educación; y que implica el conocimiento que no ofrece la educación oficial, todo aquello que se conoce hoy como Soft Skills.

El segundo desafío conlleva la idea de tiempo: este proceso no deberá ser durante un período determinado, como sucede con la educación académica, sino durante toda la vida, explotando al máximo la gran capacidad que tiene nuestro cerebro: aprender siempre, bajo cualquier circunstancia, de todo lo que nos sucede (long life learning).

Estas dos ideas, auto-conocimiento más long life learning, nos llevan al concepto de educación integral. Una educación donde no solo se tenga en cuenta el saber intelectual, sino que se sumen nuevos saberes, completando los tres necesarios para dicha integralidad:

1-Saber intelectual (adquisición de datos, comparación y organización de ideas)

2-Saber emocional (conocimiento, gestión y orientación de las propias emociones)

3-Saber relacional (empatía, capacidad de trabajo en grupo, capacidad de negociación y cooperación, flexibilidad, tolerancia, escucha activa, comunicación, etc.)

Por último es necesario comprender las ideas de esfuerzo y paciencia para cumplir gradualmente con este proceso de cambio personal que repercutirá poderosamente en lo colectivo.

Solo así lograremos construir un nuevo paradigma, que nos permita llegar a manifestar reales valores humanos y  aplicarlos a la construcción diaria del mundo en el que nos gustaría vivir, seguramente bastante mejor del que tenemos.

La educación y el desarrollo

La educación y el desarrollo

Toda la instrucción que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas está relacionada con la adquisición de instrumentos que nos permitan vivir y desenvolvernos dentro de la sociedad: herramientas para acceder al mercado laboral, habilidades para tener éxito social, reconocimiento, bienes materiales, poder, comodidad, etc.

El colegio, la escuela media y superior, la universidad; luego los masters, grados, postgrados, especializaciones. En todo este largo recorrido, que comienza cuando somos muy pequeños, solo nos han proporcionado diferentes métodos y herramientas para la supervivencia y el progreso sociales.

Dentro de todos estos programas de estudio, nunca nos hemos topado con una asignatura que se llame “Entrenamiento para ser tú mismo” o “Ejercicios prácticos para conocerte mejor”.

Un título universitario, una posición social, el ejercicio de cierto poder en un determinado ámbito, no son la genuina manifestación de tu esencia, no son tu ser real, no son “Tú”. Solo son cosas que has adquirido.

Lo adquirido, lo que no es tuyo, viene de fuera; lo esencial, lo que si te pertenece por naturaleza, viene de dentro y busca emerger; te llama, todos los días, con el enorme deseo de surgir y manifestarse.

El desarrollo real de un ser humano está relacionado con el desarrollo de su ser, con el crecimiento de su esencia, con la gradual manifestación de lo que esa persona realmente es. Está relacionado con el maravilloso viaje de descubrirse a sí mismo. Como pienso yo por mi mismo, como siento yo por mi mismo, como actúo yo  por mi mismo. Por mi mismo significa libre de la poderosa influencia que la educación ha ejercido sobre mí, condicionándome más de lo que logro darme cuenta.

¿Esto significa que debo negar mi educación y eliminarla de mi vida? absolutamente no! Es más, tengo que estarle muy agradecido y seguir nutriéndola siempre, me ha sido y me es de extrema utilidad, me ha ayudado a desenvolverme en este mundo. Lo que sucedió fue solo que, en este proceso, me olvidé de una parte, quizá la más importante.

Lo interesante será comenzar a equilibrar la balanza. Tomar conciencia que mi existencia tiene, al menos, dos direcciones: una externa, social; y otra interna, esencial.

Los valores de felicidad y plenitud que tanto deseamos, serán alcanzados solo desde la unión de ambas vertientes, por manifestar nuestra balanza con sus dos platos en equilibrio; pero no tenemos que olvidar que, felicidad y plenitud son emociones, y que por lo tanto, tienen su raíz en el mundo interior de cada uno de nosotros. Y es allí donde debe ir hoy nuestra mayor atención, ya que durante mucho tiempo lo hemos tenido olvidado o lo hemos dejado casi siempre para lo último.